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Adoptar un hijo...
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Escribo esto pensando en todos aquellos que no se animan a adoptar, porque tienen temores o porque no saben lo maravilloso que es.

     Lo primero es aceptar la idea de la imposibilidad de procrear, es duro, durísimo, se desea tanto a ese hijo y nuestros cuerpos dicen que no, se lo busca de todas maneras, se hace todo lo que esté a nuestro alcance, pero nada, no viene o en otros casos se pierde, y con cada intento se apaga un poco la luz de la esperanza de vernos reflejados en unos ojitos semejantes a los nuestros o a nuestras familias.

     En mi caso, sabía desde muy joven que me iba a ser muy difícil poder quedar embarazada, por eso cuando conocí al que luego iba ser mi marido, se lo planteé a los tres días de novios, ya sabía a medida que pasaba el tiempo de mis pocas posibilidades, y por eso se lo dije de frente, no quería que luego lo sorprendiera y no aceptara la idea de la adopción. Era mejor no seguir a que después me dijera que no querría adoptar. Como me dijo que si, pues continuamos, yo durante el noviazgo seguía haciéndome tratamientos, y luego de casada también, más o menos todos los profesionales me dijeron lo mismo. Ya casados nos pusimos un límite, hasta allí llegaríamos y sino dejábamos todo y comenzábamos con los trámites de adopción.

     Yo llegué al límite de la medicación y de nuestro tiempo, mi médica no sabía como decirme que no pasaba nada y que no podía continuar, me dí cuenta de ello y se la hice fácil: Dra. Ya hemos tomado una decisión, no seguiremos más con los tratamientos y ya estamos en los trámites para adoptar. Para ella fue la mejor noticia y una alegría .

     Comenzamos los trámites, fue como rendir examen para saber si podríamos ser buenos padres, por cuestiones edilicias no hacen problemas, pero si en cuanto a la parte psicológica de la pareja. Por suerte aprobamos. Una vez finalizados, me sentí como en un estado de embarazo, sin fecha de parto, pero ya estaba en la dulce espera. Yo presentía que mi bebé estaba en algún lugar de esta república, y le rogaba a esa mujer que me lo cuidara, que ese era mi hijo/a. A veces me encontraba soñando con ese bebé, lo sentía. Pero no estaba en mi panza como para acariciarlo como pueden hacerlo otras mamás.

     Llegó el día y cuando nos llaman del Juzgado y me consultan si todavía queríamos adoptar, que había ... de tantos ... No lo podía creer, no veía la hora de poder tener a mi hija en mis brazos. Tanto la había deseado y sentido y se iba a ser presente. Cuando la fuimos a buscar , la señora que la cuidaba nos dice: Tienen una hermosa hija. Y aún no la habíamos visto!!!! Verla y besarla fue poco, no se puede describir lo que se siente. Fue el día más maravilloso de mi vida .

     Yo había empezado a escribirle en un cuaderno a ella, cuando comenzamos los trámites. Se lo pienso entregar cuando sea grande . Y en la primera hoja le puse: Para vos, que no llegaste, pero ya esperamos, con tanta ilusión y amor, y para que sepas en el futuro como nos preparamos para recibirte. Tus padres.

     Y una vez al mes más o menos le fui escribiendo cosas que sentía, hasta el día que llegó con todos los detalles, luego seguí , y todavía lo hago, tal vez no tanto como me gustaría. Lo mismo hice con mi segunda hija, les cuento cosas de ellas, de nosotros, para que cuando sean grandes sepan de nuestros sentimientos y dolores.

     Quiero decir que desde el primer instante que uno tiene en sus brazos a su hijo, se olvida de todo lo que pasó, de todo y la única luz son ellos, se sienten como si siempre hubieran estado, eso de la panza pasa a ser relativo. Ellos se terminan pareciendo a nosotros, los hacemos a nuestro modo, y se aman desde el día que se inicia el trámite, ese embarazo sin fecha, sin dolores de parto... es una experiencia única e irrepetible cada llegada. Y ellas cuando me dicen qué suerte que seas mi mami, o cómo me llamaba antes? , si la devolvería en caso de tener un hijo? , son cosas que los padres biológicos no conocen, mas con amor todo se explica y se entiende. Lo importante es no mentirles nunca, nada se construye con la base de una mentira. Ellas saben la verdad, y son lo más maravilloso de nuestras vidas, sin ellas no seríamos nada. Cada día nos regalan su amor y caminamos juntos por la vida.

Victoria, 38 años Capital Federal.

Pd. Todo aquel que quiera saber sobre este tema, no tengo inconveniente en contestar dentro de mis posibilidades y experiencia.